El derrotero de Valverde

Un español pobre se casó con la hija de un cacique y amaneció millonario. Antes de morir dictó el camino paso a paso.

De todas las piezas de la leyenda de los Llanganates, hay una que no es rumor ni cuento de fogón: existe, está escrita y se puede leer. Es el Derrotero de Valverde, un texto corto, seco, con instrucciones de caminata como las que daría un arriero. Y empieza, precisamente, en Píllaro.

El hombre que cambió de suerte

Cuenta la tradición que en tiempos coloniales vivía por estos lados un español llamado Valverde, pobre como cualquier soldado sin fortuna. Se enamoró de la hija de un cacique de Píllaro, de los que todavía guardaban memoria y autoridad entre su gente, y se casó con ella.

El suegro lo vio trabajar, lo vio callar y en algún momento decidió confiarle el secreto de la familia. No le dio un mapa: lo llevó. Salieron de Píllaro y caminaron cinco jornadas hacia el oriente, subiendo al páramo, metiéndose en la neblina de los Llanganati.

Valverde volvió cambiado y rico. Y volvió a subir cuantas veces le hizo falta. En el pueblo se notó: el yerno del cacique gastaba como señor, prestaba plata, compraba tierras. Nunca explicó nada.

La confesión final

Ya viejo, de regreso en España, Valverde hizo lo que hacen los hombres que cargan un secreto demasiado pesado: lo soltó justo antes de morir. Dictó para la corona un documento con el camino completo, paso a paso, como si le hablara a alguien que fuera a salir mañana temprano.

El texto manda ir primero al pueblo de Píllaro, preguntar por la hacienda de La Moya y dormir ahí. Después subir al cerro Guapa y, si el día está despejado, mirar al oriente dando la espalda a Ambato: desde ahí se ven tres cerros Llanganati formando un triángulo, y ese triángulo es la señal.

De ahí en adelante el derrotero va nombrando señas del terreno con una precisión que impresiona y confunde a la vez: una ciénaga temblorosa donde hay oro suelto, un cerro de margasitas (piedra de pirita, el oro de los tontos) que hay que rodear, un cañón que llama «el camino del inca», dos lagunas pequeñas llamadas Los Anteojos porque entre ellas hay una punta de tierra con forma de nariz, una laguna grande y negra, una cascada que baja de un ramal del Llanganati, y por fin un socavón con forma de portal de iglesia.

Ahí, dice, está lo que se busca.

El papel que dio la vuelta al mundo

El rey mandó organizar una expedición oficial con el derrotero en la mano. Fue la que se desarmó cuando el padre Longo desapareció al cuarto día, y el corregidor de Latacunga terminó escribiendo a la corona que el documento debía ser falso.

Pero el papel no se perdió. Copias suyas circularon en Quito durante casi dos siglos. A mediados del siglo XIX llegó a manos del botánico inglés Richard Spruce, que andaba por el Ecuador recolectando plantas y que además consiguió el mapa que había dibujado Atanasio Guzmán, un español que vivió en Píllaro y que recorrió esos cerros durante años.

Spruce publicó ambos documentos en Londres en 1860, ante la Royal Geographical Society. Fue como encender una mecha larga: desde ese día el derrotero dejó de ser un papel viejo de provincia y se volvió el mapa del tesoro más famoso de Sudamérica.

Por qué el mapa no basta

Cualquiera puede leer el derrotero hoy, en internet, en cinco minutos. Y sin embargo nadie llega.

El problema es que las señas fueron escritas por alguien que ya conocía el camino, para alguien que iba a llevar guía. «Un cerro con forma de pan de azúcar» describe a media docena de cerros de los Llanganates. «Dos lagunitas como anteojos» también. La neblina tapa los triángulos de cumbres durante semanas enteras. Y los nombres de lugares han cambiado tres veces en trescientos años.

Hay quien sostiene, además, que el derrotero que circula fue alterado a propósito en alguna de sus copias, para que nadie más llegara. Es una teoría cómoda y, como toda la leyenda, imposible de probar.

Lo que sí es cierto es esto: un documento nacido en Píllaro sigue mandando gente al páramo casi cuatro siglos después.

¿Sabías que…?

El derrotero se escribió como instrucciones de caminata, no como mapa. Por eso funciona solo si ya sabes dónde estás: es una guía para quien conoce el camino, no para quien lo busca.

Dónde ocurre

De Píllaro y la hacienda La Moya hacia los Llanganates

Visitar Ruta del Derrotero de Valverde

Fuentes

Ver todas las leyendas de Píllaro

Pillaventura

Cargando Píllaro…

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