La laguna encantada
Llegaron con sonares, buzos y helicóptero. El helicóptero cayó al agua. Los comuneros no se sorprendieron.
Entre los cerros de los Llanganates hay lagunas que ni siquiera tienen nombre en los mapas. Los comuneros que suben con el ganado sí las nombran, y a una de ellas le dicen, sin más explicación, la encantada.
Lo que dicen que hay abajo
La creencia es vieja y sencilla: cuando Rumiñahui subió con las cargas del rescate de Atahualpa, no todo quedó enterrado. Una parte, la más pesada, fue hundida en el agua, porque lo que se echa a una laguna de páramo no vuelve a salir.
El fondo de esas lagunas no es fondo de arena. Es turba: una masa vegetal negra, blanda, de metros de profundidad, que se traga lo que cae y se cierra encima. Un hombre que se hunde ahí no flota. Un cofre tampoco.
Por eso los abuelos del sector dicen que buscar el oro en tierra es perder el tiempo. Que hay que mirar el agua. Y que mirar el agua es lo más peligroso de todo.
Los que llegaron con máquinas
Durante décadas las expediciones fueron de mula y machete. Después llegaron las otras.
Vinieron equipos con sonar para leer el fondo, con buzos y trajes secos para aguantar el agua helada, con cámaras sumergibles y detectores. Vinieron también con la solución más obvia para no caminar cuatro días de páramo: helicóptero.
El páramo de los Llanganates es de los peores lugares del Ecuador para volar bajo. El clima cambia en minutos: sale el sol, y quince minutos después hay una pared de neblina donde no se distingue el cielo del cerro. Los vientos bajan de las cumbres sin aviso.
El helicóptero se accidentó sobre la laguna. Hubo heridos y hubo rescate, y en el rescate participaron los comuneros de la zona, que conocen los caminos y bajaron a ayudar sin que nadie se los pidiera.
La pregunta y la respuesta
Cuando después les preguntaron qué había pasado, ninguno habló de vientos ni de visibilidad.
Dijeron lo mismo que decían sus abuelos: que el oro tiene dueño. Que Rumiñahui no lo escondió para que lo encontraran, sino para que no lo encontraran nunca. Y que la laguna sacude al que llega con codicia, porque puede distinguir perfectamente al que sube a mirar del que sube a llevarse.
Cómo se cuenta hoy
La historia se sigue contando en San José de Poaló y en los caseríos del páramo, con variaciones. En unas versiones el helicóptero se hunde entero; en otras alcanza a posarse. En unas hay muertos; en otras solo golpeados y mucho frío.
Los guías de montaña que trabajan en el parque la usan de otra manera: como advertencia práctica. Cuando un turista quiere subir sin equipo, sin guía y con prisa, le cuentan lo del helicóptero.
Funciona mejor que cualquier reglamento.
¿Sabías que…?
En el páramo de Llanganates puede pasarse de sol pleno a granizo y niebla cerrada en menos de veinte minutos, y no hay señal de celular. Es una de las zonas de mayor nubosidad permanente del Ecuador.
Dónde ocurre
Lagunas altas del Parque Nacional Llanganates
