El río secreto entre Pisayambo y Yambo
Dos lagunas separadas por cordilleras enteras que, según la gente, son la misma agua. Y una de ellas guarda un tren.
La laguna de Pisayambo está en el páramo de Píllaro, sobre los tres mil quinientos metros, rodeada de pajonal y viento. La laguna de Yambo está lejísimos, en el cantón Salcedo de Cotopaxi, encajonada junto a la carretera Panamericana, a dos mil seiscientos metros. Entre las dos hay montañas, valles, ríos y horas de viaje.
Y sin embargo, el nombre las amarra: Pisayambo, la que va a Yambo.
La creencia
La idea es vieja y la repiten por igual los arrieros del páramo y los pescadores de abajo: lo que cae en una aparece en la otra.
Las pruebas que se cuentan son siempre del mismo estilo, y siempre le pasaron al primo de alguien. Un arriero que perdió el poncho en Pisayambo y lo reconoció flotando en Yambo semanas después. Un animal que se ahogó arriba y apareció abajo. Una botella marcada que alguien echó al agua para comprobarlo, y que volvió a verse del otro lado.
Nadie ha demostrado el túnel. Tampoco nadie lo ha desmentido del todo, y eso, en el páramo, basta.
La laguna del otro lado
Lo que hace más inquietante la creencia es lo que cuentan de Yambo.
Dicen que no tiene fondo. Dicen también que hace más de cien años, en tiempos del ferrocarril de Alfaro, un tren cargado de pasajeros se descarriló por el lodo acumulado en la vía y cayó a esas aguas verdes y heladas. Que no se salvó nadie. Que ni siquiera se lograron sacar los cuerpos.
Desde entonces, cada Viernes Santo a la medianoche, dicen que vuelve a sonar el silbato del tren y que del agua suben lamentos. Por eso a Yambo también le dicen la laguna encantada.
Si las dos lagunas están conectadas, entonces Píllaro y Salcedo comparten mucho más que agua.
Lo que sí sabe la ciencia
Hay una parte de esta leyenda que tiene base real, y es la más bonita.
El páramo funciona como una esponja gigantesca. La vegetación y el suelo de turba atrapan la humedad de la neblina y la lluvia, la guardan y la sueltan poco a poco, durante meses. Por eso los ríos de la sierra no se secan en verano y por eso el agua que se bebe abajo nació arriba.
Esa agua viaja, además, por donde no se ve: se mete entre grietas, corre bajo la roca, desaparece en un punto y reaparece kilómetros después como si nada. Los comuneros que han visto un río meterse bajo la tierra y salir al otro lado del cerro no necesitan que nadie les explique nada.
Cuando el paisaje se comporta así, creer que dos lagunas lejanas están unidas no es ingenuidad. Es la conclusión más razonable que alguien podía sacar mirando su propia tierra.
¿Sabías que…?
El agua de Pisayambo no es solo paisaje: alimenta una central hidroeléctrica. El páramo de Llanganates abastece de agua a buena parte de la sierra central del Ecuador.
Dónde ocurre
Laguna de Pisayambo, páramo de Píllaro
