Rumiñahui, el niño de Huaynacuri
El guerrero que calló frente al fuego nació, según Píllaro, en un caserío que está a quince minutos del parque central.
Hay una discusión vieja que en Píllaro no se discute. Varios historiadores sitúan el nacimiento de Rumiñahui en Quito, alrededor de 1490. Los pillareños sostienen otra cosa, y la sostienen con nombre y apellido del lugar: nació aquí, en el caserío de Huaynacuri, alrededor de 1482.
No hay partida de bautismo que resuelva el asunto. Lo que sí hay es un pueblo entero que se llama a sí mismo hijo de Rumiñahui, un monumento en la loma y una tradición que nadie ha logrado arrancar.
Ojo de piedra
Su nombre en kichwa era Rumi Ñawi: rumi, piedra; ñawi, ojo o rostro. Cara de piedra, ojo de piedra. Un nombre que sonaba a lo que después fue.
La tradición pillareña lo hace hijo de dos mundos. Del lado del padre, Huayna Cápac, el inca. Del lado de la madre, Nary Ati, de la casa de los Pillahuaso, los caciques que mandaban en estas tierras antes de que llegara nadie. Un niño así no era del todo del imperio ni del todo local: era el puente entre los dos.
El general
Creció y se volvió militar. Estuvo cerca de Atahualpa en la guerra contra Huáscar, y cuando los españoles capturaron al inca en Cajamarca, fue Rumiñahui quien quedó a cargo del norte.
Le tocó reunir el rescate: el oro que debía comprar la libertad del emperador. Lo juntó, lo puso en camino y a mitad de la ruta recibió la peor noticia posible: Atahualpa ya estaba muerto. Lo que hizo entonces con ese oro es el origen de todas las leyendas de los Llanganates.
La resistencia y el incendio
Lo que vino después fue una guerra perdida peleada de todas formas.
Rumiñahui enfrentó el avance de Sebastián de Benalcázar hacia el norte. Perdió hombres, perdió terreno y entendió antes que nadie que Quito iba a caer. Entonces tomó la decisión que lo define: si la ciudad no iba a ser suya, tampoco sería de ellos. La incendió antes de retirarse.
Los españoles entraron a una ciudad en cenizas, sin oro, sin depósitos y sin rendición.
El fuego
Lo capturaron en 1535. Lo llevaron a Quito y lo torturaron durante semanas para que dijera dónde estaba el tesoro. Las crónicas mencionan quemaduras en los pies, un método frecuente de la época.
No habló.
El 25 de junio de 1535 lo quemaron vivo en la plaza principal de Quito, junto con varios de sus capitanes. Murió sin decir una palabra sobre el oro, y por eso mismo su nombre quedó pegado para siempre a esa montaña.
Lo que queda en Píllaro
En la loma de Huaynacuri hay hoy un monumento que lo recuerda mirando hacia el valle donde, según los suyos, abrió los ojos por primera vez. Desde ahí se ve casi todo el cantón y, en días claros, el Cotopaxi, el Tungurahua, los Ilinizas y el Chimborazo.
Su figura está en el escudo del cantón, en los nombres de escuelas y calles, en los desfiles y en la manera en que los pillareños hablan de sí mismos.
Y está, sobre todo, en la montaña. Cada vez que alguien sube a los Llanganates a buscar el oro y baja con las manos vacías, la leyenda de Rumiñahui se cuenta una vez más.
¿Sabías que…?
Historiadores fuera de Píllaro suelen ubicar su nacimiento en Quito hacia 1490. Píllaro sostiene Huaynacuri hacia 1482. La discusión sigue abierta, y aquí ya está decidida.
Dónde ocurre
Huaynacuri, parroquia San Miguelito, Píllaro
